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Si el riego funciona, las plantas están a salvo.

En pleno cambio climático, con olas de calor, megasequías, océanos acidificados, incendios, inundaciones y un largo etcétera de catástrofes que están destrozando lo que hasta ahora era un apacible templo de vida,… es el aumento global de temperatura el que está causando este gran trastorno para la vida en la Tierra, en la que miles de especies están al borde de la extinción. ¿Te puedes imaginar el planeta tan hostil y desolado que van a heredar nuestras hijas e hijos?.

Pero estamos a tiempo, quizás seamos la última generación que tenga la posibilidad de revertir la situación, con nuestros pequeños actos. Los líderes mundiales celebran grandes cumbres en las que deben tomar decisiones fundamentales sobre el clima y la crisis de extinciones y pueden cambiarlo todo o como últimamente vemos… nada.

Así que en lo que nos concierne pongámonos a ello inundando en lo posible de plantas nuestro entorno y haciendo un uso eficiente del agua. Hablemos hoy del riego de nuestras plantas.

Podemos aportar agua a las plantas de dos maneras en concreto, el riego manual y el riego automático. Todo dependerá de dónde tengamos ubicadas estas plantas. También es conveniente distinguir el riego en un huerto urbano de campo con el que podamos aportar a un huerto urbano de terraza. O a un jardín ornamental que a un balcón.

Riego con difusor manual
 

Riego manual de las plantas

El riego manual permite un control personalizado, más directo por nuestra parte. Podemos ajustar la cantidad y la frecuencia de agua según las necesidades específicas de cada planta. Por ejemplo después de la siembra o del trasplante, nos aseguramos que la semilla o la planta encontrará el agua necesaria para comenzar su actividad.

Nos permite flexibilidad. Con el riego manual, podemos adaptar la rutina de riego según el clima, la temporada y las condiciones específicas de nuestras plantas. Esto es útil cuando las necesidades de agua varían de una planta a otra,

Al regar manualmente, tenemos la oportunidad de interactuar más directamente con las plantas. Esto nos permite observar de cerca su salud y detectar cualquier problema potencial, como plagas o enfermedades, como sucede en los balcones donde suelen haber menos plantas que en un jardín, huerto o terraza.

Con el riego manual evitamos el desperdicio de agua al dirigirla específicamente a las áreas que lo necesitan, en lugar de regar indiscriminadamente. Este se realiza mediante una regadera o una manguera y debemos aprender a hacerlo bien, es decir que no salga agua por el drenaje para no lavar los nutrientes del sustrato. La regadera y la lanza de rociar en la manguera nos debe permitir regar con gotas finas para no dañar las plantas.

Un buen riego manual aguanta más la humedad que el riego por goteo, que aporta agua en menor cantidad pero con mayor frecuencia. Con el riego manual la frecuencia de riego es menor, del orden de 2-3 días en verano.

Para las plantas el factor más limitante es la provisión de agua, así que podemos decir sin riesgo a equivocarnos que ‘si el riego funciona, las plantas están a salvo’.

Riego automático de las plantas

El riego automático proporciona una solución conveniente y sin esfuerzo para mantener tus plantas adecuadamente hidratadas. Este es el que encontraremos en la mayoría de huertos urbanos de campo o terraza y en jardines. Nos permite programar el sistema para que riegue en horarios específicos, lo que es útil si tienes un horario ocupado o si te ausentas con frecuencia.

Los sistemas de riego automático pueden proporcionar una distribución uniforme del agua, lo que garantiza que nuestras plantas reciban la cantidad adecuada de agua de manera consistente. Esto es especialmente beneficioso si tenemos un gran número de plantas o un jardín extenso.

Los sistemas de riego automático están diseñados para minimizar el desperdicio de agua al entregarla directamente a las raíces de las plantas, evitando el riego superficial y el escurrimiento. Algunos sistemas de riego automático están equipados con sensores de humedad del suelo que pueden ajustar automáticamente la frecuencia y la duración del riego según las condiciones del suelo y del clima, lo que garantiza un uso eficiente del agua.

Para su instalación, lo primero que necesitamos es una fuente de agua, de esa manera si contamos con un grifo podemos instalar un sistema automático de riego provisto de programador.

El riego automático puede ser por goteo o por aspersión. El riego por aspersión es el que se utiliza en grandes áreas de jardín, en especial donde hay césped.

Riego de césped por aspersión
 
Existen muchos manuales circulando para la instalación de un riego por aspersión, este debe repartir lo más homogéneo posible el agua, teniendo en cuenta los factores climáticos como el viento, el tipo y altura y necesidades del cultivo, la orografía del terreno, etc., no es fácil y lo mejor es ponerse en manos de profesionales.

Este sistema incluye la o las arquetas con las electroválvulas cerca de la toma de agua preferiblemente, tuberías, aspersores o difusores, programador o programadores con varias estaciones, todo depende de la extensión (cada estación es para cada sector en el que dividamos la parcela a regar). Toda la superficie debe quedar cubierta de agua cuando se riegue, así que hay que calcular bien.

El riego por goteo es breve, de uno a tres minutos y frecuente, en especial en verano que a veces suele ser de tres veces al día. Con el riego por goteo se consigue que la humedad se expanda horizontalmente. El kit de riego por goteo debe incluir goteros, tuberías y un programador.

Los goteros son dispositivos que emiten el agua gota a gota. Necesitan poca presión (de 0.5 a 1 atmósfera), una cuarta parte de la presión normal de un grifo. Existen varios tipos de goteros: integrados o pinchados en la tubería que emiten un caudal de 2 a 8 litros hora.

Las tuberías que se utilizan para este tipo de riegos en extensiones pequeñas o medianas son de polietilieno (PE), de 32 y 25 mm de diámetro.

Sistema de riego en huerto urbano
 
Los programadores son unos dispositivos que se conectan al grifo y permiten abrirlo o cerrarlo según nuestras necesidades. Normalmente suelen funcionar con pilas y nos permiten automatizar el riego y no tener que preocuparnos de él cada día. Eso sí, el tiempo y la humedad del sustrato sí que lo iremos controlando para ir modificando el programa según convenga.

Siempre consultaremos la voz del profesional, ya que un programador nos debe permitir, como mínimo, un par de riegos diarios en periodos de un minuto. Luego los hay con varias salidas que nos pueden permitir regar tipos de planta distintos, como siempre todo depende de nuestras necesidades.

En terrazas y balcones se puede instalar un depósito de agua provisto de programador, que actúan de forma similar a los que se acoplan al grifo. La única pega que podemos encontrar es que deberemos prevér su llenado, ya que puede ser una operación complicada si se coloca a una cierta altura.

Finalmente recordemos que existen los polímeros que puedes mezclar con la tierra, o usar saquitos o conos de gel, que duran un mes y regulan la aportación de agua.

Ni que decir tiene que algunas labores ayudan a evitar la evaporación del agua y tener que regar tan a menudo: Cavar alcorques alrededor de los árboles y arbustos, escardar las malas hierbas y limpiar la superficie de la tierra, acolchar, intentar que estén el mayor tiempo posible en lugar sombreado y resguardadas del viento…

En Tot en Ú te podemos asesorar suministrándote el material necesario e instalarte el sistema de riego que necesites. Solicita información sin compromiso y disfruta de tus plantas sin preocupaciones y con total garantía.

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